A 100 años de la fundación de la Bauhaus

A 100 años de la fundación de la Bauhaus

Hace un siglo, dos acontecimientos históricos cambiaron la ciudad de Welmer para siempre. No nada más se estableció ahí la capital de la primera República alemana, sino también nació la escuela Bauhaus, que revolucionó el diseño y la arquitectura en el mundo occidental a pesar de su breve historia. En sus apenas 14 años de existencia transformó la manera de ver el arte y la creatividad.



LA CREACIÓN DE LA BAUHAUS

Después de la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, el país teutón necesitaba reinventarse en todos los aspectos, y el arte no era la excepción. El arquitecto y diseñador alemán Walter Gropius (1883-1969), además de veterano de ese conflicto armado, decidió fundar una escuela de arte y oficios, la Bauhaus –”casa de construcción”, en alemán– con la siguiente premisa: “Volver a imaginar el mundo material para unificar todas las artes”. El objetivo era combinar la arquitectura, la escultura y la pintura en una sola expresión artística. Gropius quería un nuevo tipo de artista.



Para ello, el alemán diseñó un plan de estudios con una nueva pedagogía, que rompía por completo con la manera en que se había enseñado hasta ese momento: la escuela unió las artes plásticas y las artesanías, y tenían exactamente el mismo valor. Todos los estudiantes debían empezar con un curso propedéutico de seis meses, en los que aprenderían las bases técnicas y artísticas para los talleres especializados.

Así, de la mano de genios como los pintores suizos Paul Klee (1879-1940) y Johannes Itten (1888-1967), y el también pintor ruso Wassily Kandinsky (1866-1944), estudiaban a profundidad materiales, teoría del color y formas, siempre teniendo presente la importancia de no copiar modelos sino crear su propio arte y favorecer el trabajo colectivo.

Después los alumnos continuaban con talleres especializados, como ebanistería, textiles, cerámica, tipografía, pintura y trabajo en metal. El taller más popular era el de ebanistería, impartido por el húngaro arquitecto y diseñador industrial Marcel Lajos Breuer (1902-1981), quien instaba a los estudiantes a experimentar con los muebles y jugar con nuevas formas. Por ejemplo, decía que las sillas serían obsoletas y reemplazadas por columnas horizontales, y también diseñó sillas de metal ligeras.

LA CASA DE ACERO Y CRISTAL

Walter Gropius

A seis años del nacimiento de la escuela, Gropius decidió cambiar su

 ubicación de Weimar a Dessau, y fue ahí donde el eco de su arte comenzó a traspasar fronteras. En 1925 el arquitecto suizo diseñó un edificio cuyas características serían el distintivo de la arquitectura modernista: la construcción tenía estructura de acero y muros de vidrio, algo que jamás se había visto.

El estilo arquitectónico de la Bauhaus era un reflejo de lo que se estaba gestando allí dentro. La producción de objetos funcionales y estéticamente agradables para la sociedad de masas, no para la clase adinerada, se volvió el objetivo principal de la institución. Se diseñaban los más variados artículos: desde sillas, lámparas, mesas o escritorios hasta alfombras, juguetes, papel tapiz y todo tipo de muebles.



La vida estudiantil en la Bauhaus era diferente a otras escuelas de arte. Todo era poco convencional, bastante radical para la época. Las mujeres iban con el pelo corto al estilo de las divas del cine de Hollywood; Johannes Itten, uno de los profesores, se paseaba por los pasillos con la cabeza rapada y portando una túnica. También se hablaba mucho de las fiestas que se organizaban; en algunas fotografías se ve a los alumnos luciendo sombreros de pirata y tocando jazz. Se vivía un marcado espíritu de libertad y desenfado.



De der. a izq.: Walter Gropius, Paul Klee, Georg Muche, Nina Kandinsky y Wassily Kandinsky durante la inaugu- ración de la Bauhaus. Abajo, su sede en Dessau, Alemania.

De der. a izq.: Walter Gropius, Paul Klee, Georg Muche, Nina Kandinsky y Wassily Kandinsky durante la inaugu- ración de la Bauhaus. Abajo, su sede en Dessau, Alemania.

CAMBIO DE BATUTA

Oskar Schlemmer, 1922

A pesar del éxito de la escuela, Gropius ya no siguió a cargo; en 1928 decidió renunciar para dedicarse a la producción de casas prefabricadas. Entonces fue nombrado como nuevo director el arquitecto y urbanista suizo Hannes Meyer, quien continuó con la producción masiva de objetos, pero haciendo más hincapié en la función social de la arquitectura y el diseño. Se llevaron a cabo programas especiales de arquitectura y planificación urbana, además se creó un curso de pintura independiente y un taller de fotografía y publicidad.



En aquella época también se publicó una revista, llamada Bauhaus, así como libros sobre el trabajo en la escuela, sin mencionar que también se empezaron a comercializar los objetos que creaban los alumnos. No obstante, este trabajo se vio interrumpido en 1930, cuando Meyer tuvo que renunciar porque se sintió presionado por el gobierno de la ciudad, de tendencias cada vez más de derecha. En su lugar se quedó el arquitecto Ludwig Mies van der Rohe, quien puso todavía más énfasis en la arquitectura urbana y en el diseño de interiores durante su estadía.

BAUHAUS: IMPACTO MUNDIAL

Pero ya pocos años duraría la Bauhaus. Pronto la situación política empeoró en Alemania, por lo que Mies tuvo que cambiar la sede a Berlín (distrito de Steglitz), a una antigua fábrica de teléfonos; los maestros y alumnos se manifestaron en contra del nacionalismo y el fascismo, lo que terminaría por incomodar al gobierno.



El 30 de enero de 1933 Adolf Hitler se convirtió en canciller de Alemania. Decidido a cerrar la escuela, la Gestapo, la policía secreta del Estado, irrumpió en ella y arrestó a 32 estudiantes; ese mismo verano Mies cerró el recinto para siempre. Sin embargo, el fin de la Bauhaus no detuvo el impacto que estaba teniendo en el mundo, principalmente en Europa y Estados Unidos. Su influencia siguió extendiéndose gracias a las y los profesores que trabajaron ahí.

Durante la Segunda Guerra Mundial, como ocurrió con muchos científicos, algunos maestros y estudiantes de la escuela emigraron a Estados Unidos, donde siguieron difundiendo sus métodos y filosofía de enseñanza. Mies van der Rohe, por ejemplo, diseñó el campus del Instituto Tecnológico de Illinois, donde más tarde impartiría clases; Lázló Moholy-Nagy fundó el New Bauhaus en Chicago en 1937 y Gropius fue nombrado director del departamento de Arquitectura y Diseño en la Universidad de Harvard, en la que también era académico al igual que Marcel Breuer.



Las enseñanzas de la Bauhaus influyeron en miles de jóvenes diseñadores y arquitectos a lo largo del tiempo. Su contribución sigue viéndose con claridad en los edificios construidos alrededor del mundo.

 

Fuente: Muy Interesante México,

Fotos: archivo Fotostudio Bartsch/Bauhaus-Archiv Berlin

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