Asombrosos detalles de c√≥mo fue el √ļltimo d√≠a de los dinosaurios

Asombrosos detalles de c√≥mo fue el √ļltimo d√≠a de los dinosaurios

Cent√≠metro a cent√≠metro, el equipo levant√≥ el centro delgado de piedra caliza, blanca y fantasmag√≥rica, del fondo del oc√©ano; y observ√≥ los restos compactados de antiguos organismos que murieron decenas de millones de a√Īos atr√°s. Pero luego, cuando las capas se oscurecieron abruptamente, apareci√≥ un marcado abismo.

‚ÄúNo se parec√≠a a nada que hayamos visto aqu√≠ arriba‚ÄĚ, recuerda Sean Gulick, codirector cient√≠fico de la expedici√≥n e investigador de la Universidad de Texas en Austin.

Este cambio en las rocas marca uno de los eventos m√°s catastr√≥ficos de la historia de la Tierra, hace unos 66 millones de a√Īos atr√°s, cuando un √©pico asteroide golpe√≥ el mar de la costa de la Pen√≠nsula de Yucat√°n, M√©xico. El impacto desat√≥ una secuencia de hechos terror√≠fica, que llev√≥ a un espiral de extinci√≥n del 75 por ciento de las especies de animales y plantas, incluyendo a todos los dinosaurios no aviares.



Ahora, al someter el centro rocoso a una serie de pruebas, entre las que se incluyen un estudio geoquímico e imágenes de rayos X; el equipo de investigación construyó una detallada línea de tiempo que ordena los eventos de aquel día fatal, en algunos casos con precisión de minutos. Como informaron en los Proceedings of the National Academy of Sciences, las capas oscuras revelan detalles asombrosos, entre los que se incluyen la cantidad total de material que se apiló tan solo horas después de la colisión, junto con muestras de carbón que dejaron los intensos incendios forestales que se dieron luego.

‚ÄúLos momentos de este evento se pueden conocer concretamente‚ÄĚ, explica Jennifer Anderson, ge√≥loga experimental que estudia el impacto de los cr√°teres en la Universidad Estatal de Winona. ‚ÄúEl nivel de detalle es realmente impresionante‚ÄĚ.

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Si bien es poco probable que ocurra otro choque de asteroide de esta magnitud, hay otros grandes impactos que serán inevitables en el gran arco de la evolución de nuestro planeta, afirma Jay Melosh, de la Universidad de Purdue. Melosh no forma parte del equipo de investigación, pero investigó otras partes del centro del cráter, y explica que al estudiar estos eventos podemos comprender con mayor precisión los puntos débiles de la vida en la Tierra.




‚ÄúNo se trata de si habr√° grandes impactos, sino de cu√°ndo ocurrir√°n‚ÄĚ, afirma.

Perforando hacia el desastre

Estudios anteriores han reunido las piezas de lo que sucedió luego del denominado impacto de Chicxulub, utilizando distintos modelos de computadora, y observando las secuelas geológicas de diversos sitios en el mundo. En Dakota del Norte, hay un conflictivo escenario en el que incluso se puede captar un ecosistema completo, producto de una catástrofe provocada por las olas sísimicas que surgieron de la zona de impacto.

Pero los detalles exactos surgidos del caos habían sido un misterio durante mucho tiempo, y los científicos esperaban resolverlo al examinar de cerca el cráter de impacto. Las capas de sedimento habían cubierto el cráter durante milenios, y así se evitó su desgaste por los fuertes vientos y el agua; pero, por otro lado, esto llevó a que estuvieran fuera del alcance de los científicos más entusiastas. Para realmente llegar a tocar este momento que ha marcado la historia de nuestro planeta, los científicos debían excavar.

Los cient√≠ficos comenzaron a explorar la estructura del cr√°ter en 1996, por medio de inspecciones s√≠smicas lideradas por Joanna Morgan, quien codirigi√≥ las √ļltimas actividades de excavaci√≥n con Gulick. Junto con una segunda expedici√≥n en 2005, ese trabajo confirm√≥ la presencia de lo que hoy conocemos como un anillo de picos; es decir, un c√≠rculo de monta√Īas enterradas que se forma r√°pidamente dentro de los cr√°teres de impacto m√°s grandes. Esta estructura es ideal como lugar de excavaci√≥n, afirma Gulick. No solo sirve para revelar los procesos m√°s importantes de la formaci√≥n de megacr√°teres, sino que adem√°s su elevaci√≥n la ubica relativamente cerca del fondo del oc√©ano moderno, es decir que es de f√°cil acceso.


Durante la primavera de 2016, el equipo finalmente perfor√≥ el cr√°ter de Chicxulub, y en un lapso de dos meses, extrajeron partes del n√ļcleo de 300 cent√≠metros. En total, recolectaron una parte de la tierra de aproximadamente 800 metros de largo, compuesta por las rocas que se encontraban por debajo del impacto, capas de roca fundida, y la transici√≥n hacia sedimentos de fondo del mar normales.

‚ÄúFue incre√≠ble haber estado en ese barco, y poder observar c√≥mo sal√≠an esos n√ļcleos. Nos dimos cuenta de que ten√≠amos cosas muy emocionantes por contar‚ÄĚ, cuenta Gulick, maravillado.

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Montículos de roca fundida

El nuevo estudio de esa muestra de n√ļcleo combina el registro rocoso con modelos por computadora, para crear una l√≠nea de tiempo sin precedentes del d√≠a en que ocurri√≥ el caos geol√≥gico que desencaden√≥ la desaparici√≥n de los dinosaurios.

‚ÄúPoder decir que estamos observando algo que ocurri√≥ el d√≠a del impacto, hace 66 millones de a√Īos, es una declaraci√≥n sin precedentes para la geolog√≠a‚ÄĚ, explica Anderson.

Uno de los descubrimientos más impresionantes es el índice en el que el material se depositó nuevamente luego del impacto. La colisión del asteroide llegó a excavar kilómetros del piso oceánico, vaporizando roca y agua en un instante. Una cadena de olas que sacudió el interior del cráter produjo que las rocas sólidas corrieran como un líquido, formaran un pico altísimo, que luego colapsó hacia fuera formando el anillo de picos. Tan solo unos minutos más tarde, una mezcla de restos se apiló sobre el anillo de picos, y se formó una capa de aproximadamente 40 metros de espesor. Parte de este material provino de una capa de roca fundida, que en minutos se ubicó en su lugar, mientras que el pico colapsaba.


Luego, a medida que el oc√©ano entraba con fuerza al enorme vac√≠o fundido, las cavidades de vapor estallaron, lanzando m√°s fragmentos rocosos. En tan solo una hora, el cr√°ter estar√≠a ba√Īado en un batido de sopa de roca oce√°nica, salpicada peri√≥dicamente por el colapso de la abrupta pared del cr√°ter.

‚ÄúComo si arrojaras un balde de agua en una ba√Īera: el agua no se queda quieta, sino que se mueve‚ÄĚ, explica Melosh. ‚ÄúCada movimiento, hacia adelante y hacia atr√°s, depositaba m√°s material‚ÄĚ.

Los fragmentos rocosos fueron asentándose lentamente fuera de esta sopa, apilándose en grandes cantidades de residuos. En total, el evento provocó que se acumularan aproximadamente 131 metros de material nuevo en un solo día.

Sorpresa sulf√ļrica

Asimismo, el equipo hall√≥ una importante falta de azufre en las rocas del cr√°ter. Aproximadamente un tercio de las rocas que rodean Chicxulub son minerales ricos en azufre, denominados evaporitas. Sin embargo, estos minerales no se encuentran en la muestra de n√ļcleo que el equipo obtuvo de la excavaci√≥n.

En cambio, parece ser que el impacto produjo una vaporizaci√≥n de las rocas del cr√°ter que contienen azufre. Este dato tambi√©n respalda trabajos previos que indican que, en este evento, se liberaron 325 gigatoneladas de azufre. Sin embargo, la falta casi total de este elemento implica que esta cifra colosal puede llegar a ser baja. Este gas podr√≠a haber formado una nube de √°cido sulf√ļrico que habr√≠a tapado la luz solar y provocado a√Īos de enfriamiento global. O, seg√ļn Melosh, podr√≠a haber generado lluvia √°cida que habr√≠a llevado a una acidificaci√≥n abrupta de los oc√©anos. De todas formas, los efectos de este gas podr√≠an haber destruido la vida en todas sus formas.




Además, el centro rocoso nos da indicios de cómo la colisión afectó de manera inmediata la vida en la tierra. Este choque, que impactó sobre la Tierra a unos 72400 km/h, seguramente emitió un destello que prendió fuego lugares dentro de un radio de 1500 kilómetros.

‚ÄúM√©xico se incendi√≥ inmediatamente‚ÄĚ, afirma Anderson. Adem√°s, el impacto lanz√≥ una metralla a lo alto de los cielos, que cay√≥ nuevamente dentro de la Tierra, encendiendo fuegos a√ļn m√°s alejados de la zona de impacto. Y en los cent√≠metros de la parte superior del sedimento del n√ļcleo, los cient√≠ficos hallaron pedazos de carb√≥n, que seguramente fueron producto de esos feroces incendios.

Sorprendentemente, los investigadores tambi√©n hallaron bioindicadores de la descomposici√≥n f√ļngica de la madera, que adem√°s indica que estos fragmentos quemados proven√≠an de otro lugar en llamas. Seg√ļn el equipo, se produjo un fuerte tsunami que azot√≥ el Golfo de M√©xico (y quiz√°s todo el mundo), y el muro l√≠quido resurgi√≥ luego de haber cruzado las zonas monta√Īosas mexicanas, arrastrando consigo restos terrestres carbonizados.

Salva inicial

Todav√≠a hay muchas preguntas que responder en cuanto al impacto de este evento y sus secuelas alrededor del mundo, se√Īala Kirk Johnson, director del Museo Nacional de Historia Natural del Instituto Smithsoniano. Johnson elogia esta nueva investigaci√≥n por haber brindado un registro tan bien preservado de este d√≠a terror√≠fico.

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‚ÄúDe alguna forma, nos cuenta cosas que cre√≠amos saber, pero las cuenta con fundamentos, por primera vez‚ÄĚ, afirma Johnson.

‚ÄúCreo que esto es una salva inicial‚ÄĚ, agrega Jody Bourgeois, de la Universidad de Washington, que estudi√≥ los dep√≥sitos del tsunami que impact√≥ en Texas y M√©xico. Durante los pr√≥ximos a√Īos, los estudios de muestras del n√ļcleo y otras pruebas probablemente nos brinden m√°s detalles de esta historia turbulenta.

‚ÄúEs emocionante‚ÄĚ, afirma Gulick con respecto a publicar finalmente los primeros art√≠culos del proyecto de excavaci√≥n. ‚ÄúLos proyectos siguen llegando‚ÄĚ.




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