Decir “GRACIAS”cambia el humor y reduce la fatiga

Decir “GRACIAS”cambia el humor y reduce la fatiga

Aprende a decir “gracias”, tu cerebro de dará las gracias después, y tu salud también.

Vivimos en una era de creciente infelicidad. La Organización Mundial de la Salud estima que en México casi el 10 por ciento de la población ha padecido depresión, que una de cada cinco personas la padecerá antes de los 75 años y que los jóvenes son el segmento más vulnerable ante esta enfermedad. La soledad abunda.



Las hospitalizaciones por ideación o intentos de suicidio infantil aumentaron en todos los grupos de edad, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y en 2015 hubo 2 mil 599 muertes por esta causa entre personas de 15 a 29 años, ubicándose como la segunda causa de muerte entre adolescentes de 15 a 19 años.

Recientemente, como parte de un segmento de Good Morning America, fui a una escuela secundaria en Schaumburg, Illinois, donde se esfuerzan por contrarrestar estas perniciosas tendencias. Como me dijo el superintendente, no es suficiente enseñar a los niños matemáticas y lectura; tienes que enseñarles a ser humanos exitosos.



Una de sus tácticas principales es la gratitud.

La gratitud es uno de los conceptos más incomprendidos y, sin embargo, profundamente útiles que existen hoy en día. Por ejemplo, si crees que tomarte una selfie frente a tu Koenigsegg color aqua y publicarla con el hashtag #BLESSED es una forma de practicar la gratitud, lo estás haciendo mal.

No se trata de presumir. Tampoco se trata de enfocarse de manera maníaca en lo positivo y de pretender que vivimos en un mundo libre de problemas. Ah, y la gratitud tampoco es una manera de usar el agradecimiento como manipulación interpersonal. (Una de mis maneras favoritas de ejemplificar este concepto es: “La gratitud es la expectativa de futuros favores”).



Ejercida de manera correcta, la gratitud es radicalmente simple: es el intento deliberado de no dar por sentadas las muchas cosas buenas de tu vida. Además, la ciencia sugiere que la gratitud está relacionada con una mejor salud mental y, si se practica con regularidad, más ejercicio.

Para poner la campaña de gratitud en acción en Illinois, la escuela reclutó a Shawn Achor, autor de un best seller llamado The Happiness Advantage, que argumenta que la gratitud a cualquier edad puede aumentar la energía, mejorar el sueño, reducir la depresión e incrementar tanto el optimismo como las relaciones sociales –dos de los mayores indicadores de felicidad a largo plazo.



Achor, quién se las arregla para ser implacablemente directo sin ser molesto, es un investigador de la felicidad con títulos de Harvard. Cuando lo entrevisté en la biblioteca de la escuela, él disparó estadísticas rápidas y a menudo extrañamente específicas. Por ejemplo, me dijo que la gratitud se correlaciona con una disminución del 23 por ciento en dolores de cabeza y espalda, así como fatiga.

La promoción de la gratitud no es algo meramente académico para Achor. A pesar de su simpatía aparentemente congénita, ha sufrido episodios de depresión. El núcleo de su mensaje es que la felicidad no tiene que depender únicamente de nuestros genes o nuestro entorno; puede ser una elección. Su trabajo sugiere que podemos crear hábitos de “higiene para la felicidad”.

“SI, POR SÓLO DOS MINUTOS AL DÍA, CONSEGUIMOS QUE ALGUIEN PIENSE EN TRES COSAS POR LAS QUE ESTÁ AGRADECIDO, O SI EXPRESAMOS NUESTRA GRATITUD UNA VEZ A LO LARGO DEL DÍA A OTRA PERSONA, ENTRENAMOS A NUESTRO CEREBRO PARA VOLVERNOS MÁS OPTIMISTAS Y POSITIVOS”, DICE ACHOR. Y “MANTENER ESTE PATRÓN EN MARCHA, DE HECHO NOS PERMITE HACER MÁS SENCILLO ELEGIR LA FELICIDAD”.



Achor tiene una serie de trucos de gratitud que cualquiera puede hacer, incluso los niños de primaria. Debido a que en las escuelas han dado buenos resultados, decidí pasar una semana probando dos nuevos hábitos diarios para ver qué podían hacer por mí.

Primero, todos los días le mandé un correo electrónico de agradecimiento a alguien que realmente lo merecía. En segundo lugar, todas las noches, en cuanto mi cabeza tocaba la almohada, en lugar de dedicarme a pensar en todos los problemas que debía resolver, pasé varios minutos pensando en tres cosas nuevas que habían sucedido durante el día por las que estaba agradecido.



Achor dice que estas prácticas de gratitud funcionan mediante la construcción de nuevos músculos mentales que exploran lo positivo. Básicamente, esta práctica nos saca de nuestro estado mental predeterminado

Nuestros cerebros evolucionaron para tener un marcado sesgo de negatividad. ¿Por qué? Según Achor, es porque la vida humana primitiva era precaria, y teníamos que estar atentos a cosas como los tigres dientes de sable. Sin embargo, esta programación de detección de amenazas no siempre funciona en un contexto moderno, en el que nuestros cerebros vuelven innecesariamente al modo de alerta roja antiguo cuando, por ejemplo, no estamos satisfechos con la cantidad de “me gusta” en Instagram.

Podrías preguntarte, ¿puede la gratitud realmente ayudar a todos? ¿Qué sucede si vives en un campamento de refugiados o estás luchando contra una enfermedad que amenaza tu vida? En esos casos, ¿cómo es posible sentirse agradecido?



Achor dice que cuando comenzó con esta investigación, pensó que la felicidad podría ser demasiado difícil para ciertas personas. Sin embargo, para su sorpresa, ha encontrado la felicidad en todos los entornos, desde salas en donde atienden cánceres, hasta cárceles y zonas de guerra. “Podemos encontrar un significado en las actividades diarias que nos ayudan a seguir adelante”, dice.

“Y CREO QUE LA FELICIDAD PUEDE SEGUIR SIENDO UNA OPCIÓN, EN DONDE SEA QUE VIVAMOS”.

Después de sólo una semana, descubrí que los ejercicios de gratitud de Achor realmente sirven. Cada vez que envié un correo electrónico de agradecimiento, recibí una cálida respuesta, acompañada de un buen golpe de dopamina en mi bandeja de entrada, la cual de otro modo es una fuente interminable de diabólico estrés.



Sin embargo, lo que más valió la pena fue la rutina nocturna de contemplar tres nuevos desarrollos positivos en mi vida. El ritual me obligó a frenar ocasionalmente mi implacable carrera por tachar cosas de mi lista de pendientes. Contribuyó a lograr algo que había estado buscando por años, a través de mi meditación diaria: intentar cultivar una especie de nostalgia por el presente, en lugar de arruinar constantemente el pasado o pensar en el futuro.

Toda mi vida, he escuchado la exhortación de detenerse a oler las rosas, pero nadie me había dicho cómo hacerlo. Los trucos de Achor fueron un manera de poner en práctica una de mis expresiones favoritas: “Estos son los buenos viejos tiempos”.

Para ser claro, esta dosis de gratitud no me impidió preocuparme, ni hacer una estrategia para resolver todas aquellas cosas que demandan mi atención. Otra de mis expresiones favoritas es “el precio de la seguridad es la inseguridad”.



Sigo creyendo que esto es verdad. Simplemente descubrí que la gratitud puede ser un buen correctivo cuando llevo mis preocupaciones demasiado lejos.

Quiero ser muy claro al respecto: ser agradecido definitivamente no es lo mismo que ser complaciente. Aquí hay un dicho que me encanta: “Todo es perfecto. Pero podría mejorar un poco”.

Mientras escribo esta columna, han pasado varios meses desde que conocí a Shawn Achor en esa escuela secundaria en los suburbios de Chicago.



Al final, dejé los correos electrónicos de agradecimiento porque descubrí que hallar el tiempo para escribirlos todos los días añadía más estrés a la ya de por sí titánica tarea de gestionar mi tsunami digital.

Sin embargo, el ritual de gratitud nocturno sigue adelante, y sospecho que llegó para quedarse. Me parece increíblemente gratificante tener una práctica que me orienta hacia las situaciones positivas que de otra manera simplemente experimentaría y olvidaría.

No sé si ha contribuido con una disminución del 23 por ciento en los dolores de cabeza, dolores de espalda y fatiga, pero sí sé que se siente muy bien y que también es sorprendentemente eficaz para dormir. #BLESSED.


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