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Del #FueraPiojo al #FuerzaPiojo, y del #ReyMidas al #ReyTuerto

Uno, América, resucitó de entre los muertos, aunque sin abandonar el sepulcro de los cuestionamientos. Otro, Chivas, entierra ilusiones con cuatro ridículos, que hacen más patético y casi cómico su presente. Y claro, en ambos casos, la pobreza futbolísticamente franciscana de los adversarios.



Vulnerable, distraída, bobalicona, castrada, la defensa del América, además poco respaldada por su media cancha, se traga dos goles del Puebla, que empezaron a levantar susurros en redes sociales como si al conjuro de #FueraPiojo se convirtiera en amuleto y en la invocación desesperada de un milagro. Y ocurrió.

Chivas, en tanto, sufriendo, se arrellanaba en el remanso del 1-0 de J.J. Macías, y soportaba las primitivas, pero espoloneadas, rebeldías de los Gallos Blancos. El desenlace oscila entre el humor negro y la tragedia barata. Toño Rodríguez va cómodo por un balón, que se le escurre de las manos, y Silveira le agradece con el 1-1 en la red. El segundo ridículo y el tercero son paridos desde el manchón penal. El chivahermano Luis Enrique Santander regala un penalti con moño de desfachatez, desde la trinchera del VAR. Y enseguida Macías lo cobra con displicencia, obviedad, casi como para sospechar que evocaba el Fair Play, y elegía desperdiciar. ¿El cuarto ridículo? Más de 20 minutos jugando contra diez.



Y claro, uno, América, consuma una victoria de ficción, que en la cultura y bajo el culto de los papanatas, la catalogan de heroica, y otro, Chivas, termina ratificando que aquella sospechosa negociación intestinal del #Pelagatos2.0 (conocido en el bajo mundo del futbol como José Luis Higuera), deshaciéndose de Rodolfo Cota, sigue pasando factura mientras Toño y Raúl Gudiño se turnan para ser el tonto de la jornada en la portería rojiblanca.

Amaury Escoto, cabeceando como adorno de taxista, hizo el 1-0, y la defensa timorata le pone alfombra roja al notable disparo de Bernardo Cuesta, con el 2-0 ya tenía a Miguel Herrera con el cubrebocas en las anginas y presagiaba un desastre. Pero, versión tepiteña del Ave Fénix, estas Águilas estaban dispuestas a emerger de sus cenizas. El Piojo se harta de piojosas actuaciones de Sebastián Córdova y Chucho López y envía a lo menos piojoso de la banca: Leo Suárez y Nico Benedetti, en el mismo primer tiempo. La remontada llegaría en la segunda mitad. Puebla reculó y América encontró, con rabia de por medio, un ajuste de cuentas de Emanuel Aguilera desde el manchón, un cabezazo de Henry Martín, y un latigazo de Federico Viñas. Sí, los tres goles cortesía de que la zaga poblana se hizo camote.



Querétaro, como gallina culeca metida en su huacal, es sorprendido por la decisión y habilidad de J.J. Macías, que ejecuta un gol que sería espléndido, a no ser por las secuelas de arterioesclerosis en las coyunturas de los defensas poblanos. El gol termina por adormecer al Guadalajara, mientras Víctor Manuel Vucetich quiere jugar al ajedrez, cuando le dieron corcholatas como fichas de juego. En el agobio, Toño Rodríguez sale por un balón elevado, preocupado más por la silueta de maniquí volador, y pierde la pelota en el área chica. Hugo Silveira la empuja con la suela del zapato. Después, Santander sigue haciendo fondos, regala el penalti que desperdicia Macías, y que se queda solo, abandonado, junto al manchón, sin la solidaridad o el apoyo de compañero alguno. ¿Pos no que muy unido el grupo y bonita la familia rojiblanca? Al 71 expulsan a Silveira y con más de 20 minutos con un hombre más, Chivas no sabe, no puede y no quiere.



Inevitable hacer el paralelismo, porque la rivalidad más enquistadamente genuina del futbol mexicana es esta, entre América y Chivas, más allá de que haya sido maquinada desde el maquiavelismo americanista, en una quema de cerebros entre Guillermo Cañedo y Emilio Azcárraga, para poder crear, con esa vieja enemistad entre tapatíos y capitalinos, la versión totonaca de un Boca-River o un Madrid-Barcelona.

La jornada de media semana salva cabezas y condena a otras. Memo Vázquez respira con el 2-1 pichicato sobre Necaxa, mientras el Chepo de la Torre deberá elegir entre seguir viviendo el infierno de un vestidor que no lo quiere y el infierno del despido, tras perder ante Juárez, y con la campaña de la Perra Brava que pide su salida y exige más entrega a los jugadores.



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