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El taxista de San Juan del Río

Esta leyenda lleva poco tiempo en la cultura queretana, pues apenas ocurrió el 30 de octubre del 2014.

Se dice que un taxista ruleteaba su vehículo todo el día, por lo cual siempre estaba un poco cansado, pero esto no lo hacía dar un mal servicio. Siempre fue de esos chóferes que respetaba las señales y era amable con sus pasajeros.

Todos los días, ya cerca de las diez de la noche, realizaba su último servicio. Cierto día, cuando ya iba a casa a descansar, cruzó casi toda la avenida principal, la cual conduce al centro. De pronto, vio en la orilla a un joven que le hacía la parada. “Ya estoy bien cansado, pero a lo mejor a este muchacho le cuesta trabajo encontrar transporte a esta hora, mejor sí me lo llevo”, pensó el taxista y se paró junto a él.

El muchacho lleva puesta una sudadera gris con el gorro sobre la cabeza. Al subirse, impregnó el ambiente con un olor a humo – como cuando se quema la leña-. Como el joven no dijo una sola palabra, el taxista le preguntó: Buenas noches, joven, ¿a dónde lo llevó?

Por favor, lléveme a la finca (no se sabe a cuál) que está sobre la carretera a Tequisquiapan.

El chófer condujo hacia ese lugar, pero durante el trayecto el taxista fue observando a su pasajero por el espejo retrovisor, pues comenzó a parecerle al extraño. Desde que él joven subió al taxi, siempre tuvo la cabeza inclinada y no se le veía bien el rostro.

El taxista manejaba y para hacerle plática, le dijo:

¿Y a que va hacia ese lugar amigo? Ya es muy noche y está muy solicitado por allá.

A lo que el joven solo contestó:

Voy a una fiesta.

El chófer siguió conduciendo y, por alguna razón que no alcanzaba a comprender, le empezó a dar miedo. Luego sintió escalofríos por todo el cuerpo y sin darse cuenta, comenzó a rezar en su mente. En ese momento, el joven le dijo casi gritando:

¿Por qué estás rezando? ¡Deja de hacer eso!

–  No estoy rezando, ni siquiera he abierto la boca.

No te hagas. Claro que vas rezando. No tengas miedo, no te voy a hacer nada, sólo llévame a donde te pedí.

Sin embargo, el chófer no podía evitarlo y nuevamente empezó a rezar.

¡ Te dije que no rezaras! Bájame ya aquí.

El taxista paró el vehículo. El joven solo le dio un billete de cincuenta pesos y se bajó. Antes de arrancar, por el retrovisor vio cómo el joven se desvaneció de los pies a la cabeza. Por lo que se asustó y rápido se fue del lugar.

Al llegar a su casa, el taxista les contó a su familia lo sucedido, un poco incrédulos, sin embargo, no volvieron a tocar el tema.

Días después la hija del taxista, contaba la historia a una compañera de trabajo, la cual escuchó otra maestra, misma qué preguntó:

¿Cómo era ese joven? ¿Era flaco, delgado? ¿Moreno, blanco? ¿Cómo era su rostro?

La hija del taxista se sorprendió un poco por tantas preguntas y aunque le recordó que ella no lo había visto, le contestó:

Mi papá dice que era delgado, alto y llevaba puesta una sudadera gris y un pantalón de mezclilla.

La maestra se quedó pensando un rato y después les dijo:

Ahí mismo, donde le hizo la parada a tu papá, mi ex novio se accidentó en su vehículo y falleció calcinado – dijo mientras las lágrimas comenzaron a recorrer sus mejillas.

– Él era alto y delgado. El día del accidente llevaba puesta una sudadera gris que yo le había regalado en su cumpleaños.

-¿Sabes a dónde iba? – preguntó la hija del chófer.

Sí, tu papá lo llevaba a una finca que tenían los papás de él. Era algo así como nuestros lugar secreto, pues ahí íbamos muy seguidos en la noche a tomar y fumar, incluso hasta hacíamos fiestas sin que nadie se enterara.

Después de contar esto, la joven hizo la petición más extraña, pidió a la hija del taxista que le dijera a su padre que la llevará con él y pasará por él lugar donde encontró al joven.

Poco después el taxista accedió a la petición, fue por ella y pasaron por el lugar donde fue el accidente de su novio, pero fue hasta después de varias horas, que vieron al joven, hizo la parada al taxista y subió a bordo del vehículo en donde iba la ex novia.

El joven sin ver a la chica, solo le pidió al taxista que lo llevará a la finca, al escuchar esto la muchacha, desesperada le dijo:

¿A caso no me ves? ¡Aldo, voltea y háblame por favor?

Pero nada sucedía. El chófer al ver la desesperación de la jovencita, le paso unos pañuelos desechables, al tiempo que un camión cruzaba su camino, provocando un fuerte choque.

Cuando el chófer despertó se revisó y no contaba con lesiones, sin embargo la joven ya no estaba con vida. Salió del vehículo y con absoluta claridad, vio a la pareja de jóvenes, caminando juntos y riéndose, como si tuvieran toda la eternidad por delante para estar juntos.

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