La caída del dirigible Hindenburg

La caída del dirigible Hindenburg

El 6 de mayo de 1937 la era de las embarcaciones ‘más ligeras que el aire’, una convergencia de genio tecnológico y ciencia ficción, se vino abajo con el espantoso accidente del zepelín alemán Hindenburg –– medía 244 metros de largo, la aeronave más grande jamás fabricada –– en la Estación Naval de Lakehurst, Nueva Jersey. El legado del tubo gigante relleno de hidrógeno y armado con un esqueleto de duraluminio tragado por las llamas aún se cierne sobre mundo de la aviación como uno de los recuerdos más dolorosos en su historia. De las 97 personas que iban a bordo, 36 murieron.



El dirigible cruzó Europa y el Atlántico en 60 horas hasta alcanzar la ciudad de Nueva York, sin sospechar la suerte que le esperaba. Casi tan grande como el Titanic, se mantenía a flote con 16 bolsas de gas rellenas de hidrógeno, y un envoltorio de algodón pintado de plateado.



LA CAÍDA DEL DIRIGIBLE HINDENBURG

El Hindenburg fue diseñado por Ludwig Durr para ser elevado con helio, un gas no inflamable. En la década de 1930 Estados Unidos era el único país que poseía helio en grandes cantidades, pero las restricciones de exportación contra el régimen nazi forzaron a sus dueños a emplear hidrógeno como alternativa. Una chispa, quizá originada por un rayo ese día de lluvia, causó un incendio explosivo alimentado por el hidrógeno. El final fue en cuestión de minutos.

Sorprendentemente, los pasajeros siguieron reservando pasajes para vuelos trasatlánticos a bordo del hermano mayor del Hindenburg, el Graf Zeppelin, bautizado así por su inventor.

Sin embargo, el gobierno alemán desechó el Graf Zeppelin y mandó desguazar el ambicioso Hindenburg II en 1940.



¿Cómo funciona un dirigible?

Para subir y quedar suspendidos, estos aparatos utilizan helio, el cual es más liviano que el aire. En el despegue entran en acción sus hélices motorizadas, que propulsan al aerostato hacia el frente. Básicamente es así como vuela este transporte aéreo que surgió en Francia durante la segunda mitad del siglo XIX.



En un principio se solía usar hidrógeno para inflar el globo (o bolsa), pero este gas al ser inflamable provocó varios accidentes, como la tragedia del dirigible alemán Hindenburg. A causa de estos riesgos el hidrógeno fue sustituido por helio, un gas menos eficiente para elevar al vehículo pero también mucho menos peligroso.



A pesar de las mejoras en seguridad, los globos dirigibles o zepelines aún son poco utilizados para el transporte de carga y pasajeros porque son máquinas relativamente lentas –vuelan a 80 km/h, mientras un Boeing 737 lo hace a un máximo de 900 km/h– y mucho más vulnerables a las condiciones climáticas. Sin embargo, por ser más económicos –usan muy poco combustible– son útiles en actividades de monitoreo ambiental, publicidad, vigilancia aérea y toma de imágenes para televisión. A todo gas Algunos modelos llegan a tener hasta 6 millones de litros de helio.

Existen varios tipos de dirigibles, pero el modelo que hoy más se usa es el llamado dirigible semirrígido. Tiene una estructura de metal en la que la bolsa de lona (o globo) se apoya.



La bolsa recibe el helio y se expande, como si fuera una bomba. Al ser menos denso que el aire, el gas tiende a subir y empuja al dirigible con facilidad. Cuanto más pesada es la nave, más gas se requiere. Algunos modelos tienen 6 millones de litros de helio –(degrees)unos 200 mil tanques de gas!–



Dentro de la bolsa existen pequeños globos, o ballonets , que contienen aire en vez de helio. En el despegue están a la mitad de su capacidad. Cuando el vehículo alcanza la altitud ideal, el piloto deja entrar más aire a los ballonets. De esta manera, el dirigible gana peso y deja de subir.



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