La Chica del Tacón Dorado

En el pueblo de San Juan del Río, vivía en la calle de Abasolo, una hermosa dama que se llamaba Mary Bella. Aunque tenía unos hermosos ojos azules, éstos siempre reflejaban tristeza.

Mary Bella pertenecía a una de las familias más conocidas en el pueblo, lo cual no era importante para ella. No sabe por qué, pero no era feliz y siempre se le veía sola.

Daba largas caminatas por todo el pueblo, sobre todo por la estación ferrocarrilera, como si esperara a alguien. Aunque algunos le preguntaban qué le sucedía, ella siempre contestaba con una débil sonrisa y seguía su camino. Claro, al pasar el tiempo las personas dejaron de preocuparse y se acostumbraron a su forma de ser.

A ella le gustaba vestir elegantemente, con bellos vestidos y zapatilla color dorado. Siempre estaba arreglada como para salir a una fiesta, pero no iba a ninguna. Se podría decir que la vida para Mary Bella pasaba sin ningún contratiempo.

En su casa se preguntaban qué hacía al salir. Nunca se imaginaron a dónde iba, ya que el lugar estaba bastante alejado y, sobre todo, era solitario y muy peligroso. Alrededor de aquel sitio conocido como la Estación Vieja, había puro baldío. Los conocedores decían que estaba cerca de una casa de nota roja donde concurrían hombres muy malos y viciosos.

En cierta ocasión, un tipo mal encarado la vio pasar. Mary Bella, sin percatarse del hombre, siguió su camino. Afortunadamente nada sucedió en ese momento.

Pero el hombre se acostumbró a asistir a aquel lugar, pues se quedó muy sorprendido con la belleza de Mary, pero ella jamás se fijaría en un hombre así.

Una noche de septiembre, a Mary Bella se le hizo tarde, ya que había ido a conocer una nueva locomotora que había llegado al pueblo. Era la más rápida y elegante. Como ella era fanática de los ferrocarriles, fue a verla sin pensar que sería lo último que haría en su vida.

Estuvo en el lugar tanto tiempo que no se percató de la hora y de que el lugar era muy peligroso para una mujer sola. Cuando se dio cuenta, corrió, pero no siguió su camino de siempre, sino se fue por los baldíos para acortar la distancia para llegar a su casa lo más pronto posible.  Sin embargo y para su desgracia, el hombre que la seguía la encontró y fue tras ella hasta darle alcance. La subió a la fuerza a su automóvil. El tipejo estaba borracho. La joven, en su desesperación por salvarse del secuestro, se quito una zapatilla y con el tacón lo golpeo, pero no le hizo ningún daño. Al contrario, el hombre enfureció, detuvo al coche, la golpeo y termino con su vida.

La familia la busco incansablemente, pero no la encontraron. El hombre huyo del pueblo para no levantar sospechas.

Tiempo después, el tipo regreso para confesar el crimen a los padres de la desdichada mujer. No es que se arrepintiera por ser bueno, sino por que tenia una enfermedad terminal y quería irse al más allá con la conciencia tranquil.

La familia de la joven se dirigió donde el hombre había enterrado a Mary Bella, para luego darle cristiana sepultura.

Pasaron los años y ahora esos baldíos son multifamiliares. Mucha gente asegura que en la madrugada se escuchan unos tacones pasar por la calle. Luego se oye como, con uno de esos tacones, golpea a un hombre con mucha fuerza, pues se escuchan sus gritos de dolor. Los habitantes dicen que ella se venga de su asesino cada noche, y que el no puede hacer nada para defenderse.

2 Comments

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  1. junio 10, 18:35 Javier Olvera Lopez

    muy buena historia que fue a qui en s.j.r. pues me gusta este tipo de historias de san juan y si tienen mas pues compartanlas para leerlas y conoser mas historias, gracias me parese muy interesante.

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  2. junio 12, 01:21 Luis

    Aquí en San Pedro ahuacatlan ase tiempo los escuchaba diario por la madrugada estubiera el tiempo como estubiera se oía un pisar de tacón tan correcto como si no ubiera empedrado siempre quise ver quién era pero la verdad me ganaba más mi flojera y el cansancio y nunca supe quién o qué era

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