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Las mejores nanas según la ciencia

¿Existen nanas para los adultos que padecen de insomnio o trastornos del sueño similares? ¿Sabes qué es un opus?

“Duérmete niño, duérmete ya, que viene el coco y te llevará ” , dice la letra de una tradicional nana. Lo curioso es que, a pesar del atemorizador mensaje, esta canción de cuna consigue su propósito. Esto es : que los bebés concilien rápidamente el sueño y caigan rendidos en brazos de Morfeo. La clave no reside en la letra, sino en la música. De hecho, un estudio de la Universidad de Harvard (EE. UU.) dado a conocer en la revista científica Current Biology sacó a relucir que los seres humanos somos capaces de distinguir una canción hecha para bailar de una nana en cualquier idioma y procedente de cualquier cultura del mundo; incluyendo de algunas bastante recónditas y aisladas, como las nanas de los quechuas peruanos o de los ainus, un grupo étnico indígena asentado principalmente en la isla japonesa de Hokkaido .



Pero ¿qué tienen en común las nanas infantiles que se nos da tan bien diferenciarlas?Es la pregunta que se hicieron en Cuckooland , una empresa de mobiliario infantil británica. Ni cortos ni perezosos, pusieron a un equipo de investigadores a analizar diez nanas infantiles clásicas, entre ellas la popular nana de Brahms o Estrellita, ¿dónde estás? Y llegaron a la conclusión de que había una fórmula común: todas rondaban las noventa y una pulsaciones por minuto, normalmente estaban compuestas en clave de do, y escritas en un ritmo de cuatro por cuatro.

“La función de una nana no es otra que calmar a un bebé y ayudarlo a dormir, por lo que era de esperar un tiempo lento, un patrón rítmico simple y una melodía sencilla, fácil de memorizar y de cantar, con frases y versos repetitivos”, analizaba a raíz del estudio Annaliese Grimaud, investigadora del Music & Science Lab de la Universidad de Durham (Inglaterra).

Luego, a los investigadores de Cuckooland se les ocurrió que podían ir un poco más lejos e indagar si había canciones modernas que cumplieran estos cánones. Escudriñando en las listas de Spotify, llegaron a la conclusión de que entre las que más se ajustan a la “fórmula de la nana” se encuentran Only human , de Jonas Brothers, Someone you loved , de Lewis Capaldi, y You need to calm down , de Taylor Swift. Incluso una de Sean Paul y el DJ David Guetta, Mad love . ¡Quién se lo iba a decir al popular DJ! Lo que los dejó absolutamente atónitos es que había una que reunía todas las características de la nana ideal. A saber: One , de la banda de rock irlandesa U2. Una interesante alternativa a los clásicos para dormir a los retoños.

Hay canciones de cuna que dejan huella. Las nanas que nos cantan de pequeños son inolvidables. Es más, parece que se nos graban en la mente desde antes de nacer. De demostrarlo se encargaron investigadores finlandeses de la Universidad de Helsinki. En un experimento con veinticuatro embarazadas, les pidieron que cantasen a sus fetos la canción Estrellita, ¿dónde estás? cinco días a la semana durante el último trimestre de la gestación. Cuatro meses después del parto, volvieron a reunirlas. Y comprobaron que los bebés a los que sus madres habían acunado con esta melodía estando aún en el útero la reconocían y reaccionaban positivamente ante ella. La moraleja: nunca es demasiado pronto para empezar a cantar nanas.

Los bebés prematuros son la mejor prueba de que esto es así. Estudios con centenares de bebés nacidos antes de tiempo y con bajo peso demuestran que su saturación de oxígeno se dispara solo quince minutos después de que empiece a sonar una canción de cuna. Teniendo en cuenta que si la saturación de oxígeno desciende demasiado el riesgo de muerte se dispara, el efecto es tremendamente beneficioso.

No solo eso. Otro estudio británico realizado con treinta y siete pacientes pediátricos del Great Ormond Street Hospital de Londres demostró que el efecto relajante de una nana en niños de hasta cuatro años es mucho más intenso que el que produce leerles un cuento antes de dormir. Sobre todo a la hora de reducir el ritmo cardiaco y aliviar el dolor.

Después de todo, no hay que olvidar que nacemos predispuestos para interpretar la música. Otro reciente estudio neurocientífico canadiense demostró que con solo seis meses de edad muchos bebés ya son capaces de distinguir entre una tonalidad musical mayor y otra menor. Concretamente el 33 % tiene esta virtud innata, un porcentaje idéntico al de los adultos que no han recibido formación musical.



Si, además de permitir que aflore su instinto natural, facilitamos el camino para que los pequeños reciban adiestramiento musical nada más cumplir un año, los beneficios serán, nunca mejor dicho, sonados. Científicos de la Universidad McMaster (Hamilton, Canadá) demostraron hace unos años que impartir clases de música a niños antes de que sean capaces de hablar, o incluso de andar, dispara la cantidad de veces que sonríen, hace que se comuniquen mejor y, a nivel cerebral, les procura respuestas tempranas y sofisticadas a la música. En suma, todo ventajas.

Hace unos años, expertos en la fisiología del sueño crearon por primera vez canciones para dormir a partir de la música cerebral de una serie de insomnes. Es decir, prepararon una versión sonora de las ondas cerebrales para inducirles el sopor, ya que, argumentaban, la música está compuesta por una serie de oscilaciones sonoras que varían en ritmo, volumen, amplitud, tonos… Y la actividad cerebral consiste en oscilaciones eléctricas. La traducción, por tanto, debe ser relativamente fácil. Pero ¿suenan bien esas nanas mentales ? No siempre. En ocasiones identificaron una melodía clara y agradable, y en otras las canciones parecían cacofonías. Sin embargo, en todos los casos la mejora en la calidad del sueño alcanzaba el 75   %, lo que confirma que el método funciona.

A todos nos resultan familiares los compases de Canción de cuna , esa melodía infantil que incorporan los peluches, las cajas de música y los móviles que cuelgan sobre la cuna de los bebés. La compuso Johannes Brahms ( 1833 – 1897) , el famoso compositor alemán. Técnicamente sería la pieza Wiegenlied , op. 49, n.º 4. Op. es la abreviatura de opus, una palabra de origen latino que significa ‘obra’ y que se emplea para clasificar las obras musicales de un compositor en función de la fecha en que fueron escritas. La obra de Ludwig van Beethoven consta de 138 opus; la de Brahms, de 122.



En las partituras también podemos encontrar el término opus póstumo, que se utiliza para designar las composiciones publicadas o descubiertas tras la muerte del compositor.

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